SOBRE EL TETRAGRÁMATON
Comenzamos por la traducción de la palabra “tetragrámaton”, que procede el griego Τετραɣράμματον, “tetra”, significando “cuatro” y “gramma”, significando “letra”; así pues, por tetragrámaton entenderemos las cuatro letras, pero ¿cuáles son éstas y qué refieren?
Son las cuatro letras consonantes hebreas siguientes יהוה esto es, leído de derecha a izquierda, las letras “yod”, equivalente a una “y”, la “he”, equivalente a una “h aspirada”, la “vav”, equivalente a una “v” o a una “w” y, por último, otra “he”, que no suena, pues es muda por estar a final de palabra.Mucho, muchísimo se ha escrito durante siglos respecto de cómo se pronuncia el tetragrámaton, o nombre de Dios, desde que es impronunciable, hasta que hay que cambiarlo por otra palabra, como “mi señor” (אֲדׄנׇי -Adonai-) o “el nombre” (הַשֵׁם -HaShem-), o pronunciarlo, simplemente, como “Yavé”, Yahweh”, “Iehova”, o “Jehová”.
Os dejamos dos enlaces que explican
de forma sintética y diacrónica los diversos períodos de esta discusión gramático-religiosa. Enlace 1 y enlace 2
Dentro de nuestras limitaciones,
hemos podido apreciar que el dilema, entre muchas razones, parte de la
consideración de que sobre la primera “he” hay un punto que equivaldría al
sonido “o” -Jehovah-, dado que en hebreo no existen las letras vocales,
sino que son signos simples que, según el lugar que ocupa puede pronunciarse de
una un otra manera, por ejemplo, el punto sobre la letra “vav” se pronunciaría
como “o”, como decimos, pero si el punto estuviese en medio de la misma letra
se pronunciaría “u” y, si no estuviese ningún punto, sería un sonido “v” o “w”.
Estos puntos (.) referidos son los “ordinarios” y que aparecen o pueden
aparecer en cualquier palabra, si bien, el sonido “o” o el “u” o el “v” tienen
otras grafías.
Pero, ¡hete aquí! Que sobre la “vav”
del tetragrámaton, en unos versículos de la Biblia no hay punto y sobre otros sí que lo hay, pero no el ordinario, sino uno más grande, por intenso, y más
separado hacia arriba de la parte superior de la consonante “vav” como lo hace el (.), así
figura (·), lo que nos lleva a pensar que sobre la “vav” no hay un
sonido vocálico de “o”, sino otra cosa, como puede ser un “acento”, que en
hebreo guardan muchas y variadas formas, pero que indican pausas dentro de la
propia palabra expresando dónde recae el tono, pues en hebreo, en principio,
todas las palabras son agudas (final de palabra) y, así, el acento nos indicaría si el golpe de voz
recayese sobre la primera consonante, por excepción a la regla. No obstante lo cual, también podría ser aquel circulillo que ponían los masoretas para realizar correcciones al margen para indicar cómo debe ser leída la palabra, no siendo, en ningún caso, un solido "o". Además de lo dicho, hay que significar que la abreviatura de Yavé en el Antiguo Testamento es “Yah” y no “Ye” ni “Yeho”.
Un segundo aspecto, nos llama la atención, cuando observamos que el punto grueso (·) no solo está en algunas escrituras del tetragrámaton, sino que, además está en palabras intrascendentes o irrelevantes, por comunes, como podemos ver en las fotografías que adjuntamos y hemos tomado del libro de los Proverbios 22 y 24. Fijémonos en la primera, el punto recae sobre la “vav”, pero no sobre la “he”, que sería lo habitual; también apreciamos un acento (´) sobre la letra “yod”; si consideramos que hay dos acentos parecería absurdo dar dos golpes de voz, pero si atendemos a que “yod” más “he” representan por sí mismas en junto la denominación de Dios “yah”, procedente del verbo existir o vivir “hayá”, entendemos, pues, que los masoretas han querido distinguir dos golpes de voz separando dos palabras “yeh” donde no se pronunciaría la “he”, por ser muda la de final de palabra y “vah”, lo que, inicialmente, nos daría “Yeh-vah”, de ahí la posible confusión que nos da el punto (·); ahora, habría que entender que se produce una metátesis, pues el símbolo (ְ -shewá simple-) representa una “e” muy breve en la pronunciación, así como el símbolo ( ָ -qaméts-) representa a una “a” larga; de ahí que hayan podido preferir una metátesis para pronunciarse “Yawé”, vocal larga a principio de palabra y vocal breve a final, como así derivó al griego Γιαχβέ (Yajvé).
Además de lo dicho en la propia fotografía número 1 observamos bajo el
tetragrámaton otra palabra que lleva el punto (·) sobre la letra “sámej”
(s), leyéndose “músar”. Si el punto (·) sonase como “o” en esta palabra,
no lo tendríamos que poner sobre la “sámej”, sino sobre la “vav”, pero esta
letra tiene un daguesh (·) que nos daría la pronunciación de “u”. ¡Ah! Se puede
pensar lo siguiente: “pues así se pone el (·) sobre la sámej”. La
respuesta sería la de que, en este caso, se pronunciaría como “muósar”, lo que
resulta ciertamente poco eufónico y poco común.
En la siguiente foto (Proverbios 24:29-30) lo veremos aú más si cabe: En la palabra "digas" aparece el punto gruesp, separado sobre la letra "mem", así como el punto de la "o" en la parte superior derecha de la "álef"; esta palabra solo puede pronunciarse como "tomár", pero, para evitar posibles confusiones, el punto grueso remarca el golpe de voz. Lo mismo sucede con "de la viña", sustantivo que solo se pronuncia como "kérem", a pesar de lo cual, aparecen dos acentos sobre la primera sílaba "qué-", uno de ellos, es el punto grueso.
No cabe duda, pues, a nuestro entender, que el punto grueso en cuestión que figura sobre el tetragrámaton no es una "o", sino un mero acento, un signo que marca el golpe de voz.
¡En fin! Ya vemos, cómo los masoretas escribían según su entender y con la buena y laboriosa voluntad que emplearon. Gracias les damos.
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